El papel de las administraciones públicas ante los nuevos modelos de negocios de las plataformas digitales

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En mayo de 2019 me invitaron a colaborar en el documento “Un futuro para la economía colaborativa y los nuevos modelos de negocio en las plataformas digitales” del Ministerio de industria, comercio y turismo. Concretamente escribí sobre el papel de las administraciones públicas en el ecosistema digital.

Las Administraciones Públicas (AAPP) pueden y deben ser una figura clave dentro del ecosistema digital, estableciendo sinergias con la economía colaborativa y los nuevos modelos de negocio en las plataformas digitales. Antes de centrarse en el “cómo” convertirse en esta pieza esencial, el sector público debe poner el foco en el “qué” entiende por ecosistema digital, y para ello debe analizar sus necesidades actuales y futuras, debe reflexionar sobre cómo va a impactar la tecnología en este ámbito y debe construir relaciones sólidas y simbióticas con agentes del cambio como startups, emprendedores, hubs tecnológicos u otras corporaciones e instituciones.

Por otro lado, es imprescindible hacer hincapié en algo tan necesario como es la formación. Sin ella, el proceso de transformación en la que se encuentran las AAPP será un fiasco. Hoy por hoy -y probablemente no cambiará- existe una necesidad imperiosa de formarse constantemente e ir adquiriendo nuevas habilidades y capacidades digitales, algo que no se potencia en el sector público. Además, esta brecha se irá agrandando si se tiene en cuenta el último informe de World Economic Forum sobre el futuro del trabajo. Según el estudio, 2 de las 3 principales habilidades para el 2020 -tener pensamiento crítico y creatividad- en 2015 estaban en posiciones mucho menos relevantes.

En esta etapa del cambio, la responsabilidad de las AAPP es doble. Por un lado, tienen que abordar internamente el proceso de transformación digital, como hemos comentado. Y por el otro, tienen un papel importantísimo para combatir aspectos tan negativos, fruto de la innovación tecnológica, como es la brecha digital entre personas, ciudades y regiones, donde en muchos casos la era digital lejos de ser inclusiva, social y justa, está generando diferencias significativas en las sociedades entre los que están capacitados y los que no. Además, como bien apunta Manuel Muñiz en su tribuna “Tecnología y orden global” en el diario El País, la concentración de talento sofisticado en hubs, clusters o ecosistemas digitales de determinadas zonas geográficas del mundo están provocando, inequívocamente, una grave fractura social.

Las AAPP, como muchos otros sectores, tienen la necesidad de (i) digitalizarse para mejorar procesos, ser más ágiles y operar de manera más eficientemente y (ii) de transformarse para seguir aportando valor a la sociedad y a la economía. En ambos casos las administraciones precisan de una estrategia que defina por una lado qué tecnologías e innovaciones deben adoptar para digitalizarse y, por otro, algo que requiere mayor trabajo y reflexión: una estrategia para transformarse y adaptarse a los nuevos tiempos.

Es muy común -y no solo en las administraciones públicas- cuando se define una estrategia de transformación digital caer en el error de querer incorporar las nuevas tecnologías sin haber pasado antes por un proceso de análisis y estudio de las necesidades y de los requerimientos que se precisan de ellas. La transformación conlleva muchos aspectos que a veces poco tienen que ver con la tecnología. Más bien requiere de pensamiento crítico y profundo dado que afecta a la cultura de la propia empresa, a las habilidades de las personas que la conforman, a las metodologías utilizadas y al modelo con el que se ha estado operando durante años. Hay que tener en cuenta, pues, que el proceso de transformación digital es un proceso de cambio cultural empresarial.

Dada la complejidad que conlleva la transformación digital, es necesario que cada administración defina su hoja de ruta y un marco de trabajo para desarrollar una estrategia óptima. Por ello, entender en qué punto está una administración en concreto resulta clave para empezar a trabajar. De no ser así, ¿cómo se puede saber qué aspectos hay que cambiar? ¿Qué tecnología es la que se tiene que adoptar para seguir aportando valor? ¿Cómo atraer la innovación y potenciar el talento que hay en la empresa pública para responder a las expectativas de los ciudadanos?

Si se evalúan y se analizan las necesidades se puede llegar a la conclusión de que quizá lo que se tiene que hacer es redefinir el cómo se está utilizando una tecnología, y empezar a hacerlo de manera correcta. O quizá lo que se necesita es establecer sinergias con modelos colaborativos y/o de plataforma para mejorar en eficiencia y costes. Pero sin duda, sea la opción que sea, para poder sacar buenas conclusiones se tiene que realizar una auditoría y un análisis previamente.

Las Administraciones Públicas y otros sectores -como el privado- deben seguir colaborando para el beneficio de todos, pero también entre la propia Administración debe existir mayor colaboración y adquirir nuevas formas de cooperación entre miembros, departamentos y áreas de trabajo, incorporando así metodologías ágiles, la co-creación o la innovación abierta. Estas formas de colaboración pueden ser de manera presencial o en remoto a través de plataformas digitales.

Introducir metodologías Lean o Agile, empezando con grupos pequeños testando los resultados de un proyecto colaborativo donde se ha introducido una innovación o tecnología (por ejemplo una nueva plataforma de gestión) y evaluando los resultados para obtener aprendizajes es algo muy valioso para un proceso de innovación y/o de transformación. Crear redes de intercambio de conocimiento a través de plataformas digitales entre homónimos, departamentos o entidades públicas, son formas de generar inteligencia colectiva y de estimular una cultura colaborativa entre peer to peer dentro de la Administración.

Afortunadamente en España hay cada vez más colaboración público-privada. Una de las líneas principales de colaboración que debe seguir trabajando las AAPP es la de aprovechar los datos que generan empresas o startups de la economía colaborativa o de plataforma como son Cabify o Airbnb. Siendo ésta última una de las que más está colaborando con diferentes administraciones locales en España para la regulación y registro de pisos turísticos. Por otro lado, hubs tecnológicos como Barcelona Tech City se están aliando a través de plataformas digitales con Ayuntamientos e iniciativas públicas para atraer y retener talento en una zona geográfica determinada.

Y ya por último, otro punto interesante es cómo las AAPP han entendido el poder de las plataformas digitales y han desarrollado proyectos como Sentilo (plataforma para la gestión de datos públicos) o Decide (plataforma para la participación e inteligencia ciudadana).

Además, al ser de código libre y abiertas, se reducen los costes a la hora de implementar el proyecto, pero también se pueden mejorar y actualizar de manera ágil y sin coste con la ayuda de la comunidad de desarrolladores. En definitiva, inteligencia colectiva y resiliencia tecnológica pública como nunca se había visto antes y al servicio de toda la sociedad.

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